Los chocolates que alimentaban a la oficina
Todos los años, sin falta, a Matías le regalan una caja de chocolates finos en su cumpleaños. Y todos los años, sin falta, la caja termina siendo repartida a la oficina completa, porque a Matías simplemente no le gusta el chocolate. Nunca le ha gustado. Ni cuando era niño.
El problema no es la intención, es que "chocolates" es el regalo por defecto cuando no sabes qué más dar. Es fácil, se ve generoso, y cabe en cualquier presupuesto.
Pero después de la quinta caja repartida a los compañeros de trabajo que sí las disfrutan, Matías empezó a sentir que su cumpleaños era, básicamente, una fecha de reparto de dulces para otros.
Este año decidió decir algo, aunque sonara raro: "prefiero que me pregunten". La respuesta de su mamá fue simple: "es que nunca sé qué decir cuando me preguntan qué quieres".
Ahí quedó claro que el problema nunca fue poco cariño, sino falta de información.