¿Maquillaje para mimos?
A la Feña le regalaron una base de maquillaje preciosa, de una marca carísima que ella jamás se hubiese comprado sola. El problema: el tono no tenía nada que ver con su piel. Ni cerca. Quien se la regaló hizo lo que pudo: entró a la tienda, miró los colores, y adivinó.
La Feña la probó una vez, se vio como un fantasma en el espejo, y la guardó "por si acaso alguna vez le sirve a alguien". Terminó usándola con una amiga en Halloween, meses después.
El maquillaje es de esos regalos donde la intención cuenta muchísimo, pero el acierto depende de detalles que solo la persona misma sabe: el tono exacto, la textura, la marca que ya usa.
Sin esa información, hasta el regalo más caro se convierte en un lindo gesto que nadie se pone.